Dra Zul Contreras (Zul Cont)

“NI UNA MENOS” Marcha 3/6/2015 17 hs Congreso. “EL GOLPE AL ALMA” (Dra. Zul Contreras)

In Uncategorized on junio 3, 2015 at 6:38 pm

EL GOLPE AL ALMA. Estaban sentados a la mesa, en silencio, cenando un guiso de arroz con algunos pedacitos de pollo, Celia, Mario y sus hijos. Había preocupación: vinieron varias boletas juntas, la cuota del auto que tardan en entregar, el alquiler atrasado en dos meses y la tarjeta de crédito a tres días de cortarla. El clima familiar estaba denso. Se notaba en la respiración de Mario, como enojado. Celia no quería ni mirarlo para que no lo tome a mal. Los niños -de 8 y 12- se pateaban por debajo de la mesa, aguantando la risa. Y Mario no soportó más: “Me echaron de la fábrica”, confesó. Todos lo miraron con la boca abierta y Celia comenzó a lagrimear. Mario se tapó la cara y estalló en llanto. Los chicos y Celia se levantaron, lo rodearon en un abrazo fuerte, pleno de contención y amor. ” Te amamos”, le dijo Celia. “Sí, papi, te amamos. Ya conseguirás otro. Te daré mis ahorros para la compu”, dijo uno de los chicos, mientras el más pequeño se puso a llorar de emoción: ” y yo, el mío, papi”. De repente, se escucha el ruido de un disparo. Todos se miraron. “¿Qué fue eso?”, preguntó Celia. ” Fue al lado -dijo Mario- pero no salgamos por las dudas. Quizás ya la haya matado a esa atorranta que tiene de novia. Si a mí me pasara lo mismo, no pierdo tanto tiempo”. Celia bajó la cabeza y se apartó para batir café instantáneo. “¡¡Sin azúcar, mujeeeer!. Después me pongo un chancho como vos”. Los chicos se rieron. Celia derramó una lågrima de rabia dentro del pocillo de Mario. ” Bueno… Me voy a tomar un trago con los muchachos”, dijo desperezándose. “¿Y el café no lo tomás?”. Nadie le contestó. Se sintió la puerta de salida. ”¡Mario, dejaste tu celular sobre la mesa!”. Ni una palabra. Se armó de coraje, apretó “# redial ” y se quedó escuchando: “Hola, mi amor… ¿Estás viniendo?… Hola… Hola…”. Celia cortó y rompió en llanto. Un minuto después se secó las lágrimas con el delantal y se dispuso a levantar la mesa sabiendo que esa noche iba a ser la última juntos. Ya no iba a seguir soportando los golpes de la borrachera ni sus infidelidades. Entonces, empezó a acariciar la libertad al haberse decidido y sonrió. Al otro día vino a verme. Una historia de las tantas que pasaron por mi estudio. Sólo cambié los nombres. ZC.

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