Dra Zul Contreras (Zul Cont)

TRAMITE INFERNAL. La visa que supimos conseguir, por Daniel Muchnink (Fuente: www.perfil.com – Daniel Muchnik)

In Economía, EEUU, Política, Turismo on junio 22, 2012 at 6:11 pm

Daniel Muchnick: Como siempre, magistral.

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http://www.perfil.com/ediciones/2012/6/edicion_687/contenidos/noticia_0029.html

TRÁMITE INFERNAL.

La visa que supimos conseguir.

Por Daniel Muchnik

22/06/12 – 10:26

Está por viajar a Estados Unidos? ¿Tiene visa? ¿Necesita renovarla? Si aún no lo hizo, ármese de paciencia. Cabe la pregunta. ¿Es una represalia o una respuesta intemperante del gobierno norteamericano contra la Argentina? No, porque se aplica a todos los países sudamericanos. ¿Responde la Argentina con reciprocidad con los ciudadanos norteamericanos Sólo parcialmente. Los norteamericanos deben pagar en Ezeiza 160 dólares. No deben hacer cola y el trámite es sencillísimo.

Todo ciudadano argentino que viaja a Estados Unidos debe cumplimentar muchos pasos que llevan tiempo, dedicación y dinero. Y ser víctima de un clima de sospecha. En 35 años he viajado más de 15 veces, como periodista o simple ciudadano porque parte de mi familia vive allí. Padecer el trámite ahora es una experiencia única.

Si se inician las gestiones a través de Icana (Instituto Cultural Argentino Norteamericano) se debe pedir turno para que lo puedan atender. Una señorita muy amable le pregunta de todo o casi todo, incluyendo nombres y apellidos de padre y madre (aunque ya no estén) y si ha tenido dificultades con la Justicia en Estados Unidos, o ha dejado cuentas sin pagar, si su visa ha sido rebotada en el pasado o ha perdido o le han sustraído el pasaporte, el motivo del viaje y las semanas o días que ello demande. Piden los pasaportes anteriores y vencidos que se hayan conservado. Tiempo invertido: traslado para obtener el turno y otro para asistir más cuarenta minutos de diálogo o interrogatorio. Icana cobra 160 dólares de arancel consular y 220 pesos por el trabajo de su personal.

El segundo paso es concurrir, otro día, con un turno asignado, a una oficina en la zona de Pacífico. Hay que esperar en una fila veinte minutos y ser revisado como si fuera a tomar un avión en un aeropuerto con seguridad estricta. Tras ello, esperar quince minutos para que lo atienda un amable empleado, sentado tras un vidrio blindado, que vuelve a preguntar, a través de un micrófono, lo mismo que la empleada de Icana. Con un agregado importante: sacan una foto del interesado y toman las huellas digitales. Cuatro dedos de cada mano y los dos pulgares por separado. Tiempo invertido: 45 minutos más el transporte ida y vuelta hasta el norte de la ciudad.

El tercer y último paso es ir al consulado, pegadito a La Rural, otro día, en horario estipulado. Tras una larga espera, se debe pasar por nuevos controles de seguridad, entregar el abrigo, dejar el celular y las monedas, sacarse el cinturón. Superada la inspección, en el interior del consulado y al aire libre, nueva espera y nuevo empleado detrás de un vidrio blindado. Pide los pasaportes anteriores y el nuevo o el que se desea usar en el viaje. Vuelve a hacer las mismas preguntas que ya hicieron en Icana y en la oficina. Entrega un papelito de constancia y el pasaporte –promete– será entregado en el domicilio por una empresa privada. Tiempo invertido: de 15 a 40 minutos.

¿Qué le pasa al gobierno norteamericano? ¿ Considera que está expuesto a nuevos atentados desde el exterior con el mismo procedimiento que los anteriores? ¿No fueron habitantes de larga presencia en el país los autores del atentado a las Torres? Según las estadísticas, los argentinos somos un grupo nacional importante que visita Estados Unidos. Se gestionan más de mil solicitudes de visa por día. El cálculo más aproximado es que medio millón de argentinos viajó a ese país el año pasado, cuando la diferencia cambiaria lo permitía. Y el número de turistas crece exponencialmente.

¿Por qué tanta vigilancia con los argentinos? Los norteamericanos contestan que tras el desastre económico de 2001-2002 muchos ingresaron a Estados Unidos como turistas y se quedaron de manera ilegal. Ello rompió el idilio de los años noventa. Menem, con la asistencia naval en la primera guerra del Golfo, posibilitó la eximición de la visa. Luego la fiesta se acabó. Por lo que se ve no pesa sólo un asunto de seguridad interior. Estados Unidos busca evitar la inmigración ilegal. ¿Qué hace la Argentina? ¿No puede llegar a Buenos Aires un francotirador loco de Oklahoma, de esos que matan a sus compañeros de universidad, y ensañarse con los transeúntes desde lo alto de los edificios de Catalinas Sur?

El gobierno argentino poco o nada ha hecho para evitar a sus ciudadanos el cargoso y pesado trámite consular. En el lanzamiento del nuevo pasaporte el ministro Florencio Randazzo habló maravillas del nuevo documento y dijo que permitiría que en ningún lugar haya vedas para la entrada de argentinos. Desde Estados Unidos contestaron que la visa sigue en pie.

*Periodista, especialista en economía.

http://www.perfil.com/ediciones/2012/6/edicion_687/contenidos/noticia_0029.html

Fuente: Daniel Muchnik – http://www.perfil.com

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